Una hora más tarde en tu casa, dejamos el pudor a un lado, la cosa pintaba bien, había entendimiento. Entrelazados y sin ningún animo de discernir sobre los motivos que nos habian llevado a esa situación, decidimos dormir. Eran las 9:32, estabamos agotados, y casi como si fuera con tus últimas fuerzas preguntaste:
-Por cierto, ¿Como te llamas? (Dijiste con esa voz tan dulce...)
Yo, simplemente, no supe que responder...
(La impersonalidad, el libertinaje y la diversión. Hechos de una época que se repite en el tiempo)
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