domingo, 25 de septiembre de 2011

Aullido...

He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la
locura, famélicos, histéricos, desnudos, arrastrándose de madrugada
por las calles de los negros en busca de un colérico picotazo,
pasotas de cabeza de ángel consumiéndose por la primigenia conexión
celestial con la estrellada dinamo de la maquinaria de la noche.

Que, encarnación de la pobreza envuelta en harapos, drogados y con
vacías miradas, velaban fumando en la sobrenatural
oscuridad de los pisos de agua fría flotando sobre las
crestas de la ciudad en contemplación del jazz.