domingo, 24 de agosto de 2014

Castigo.

Cuando castigamos el error, obligamos a los niños a mentir, a tener miedo del castigo y más tarde del error.

Les enseñamos a no arriesgar, a ser sumisos, a vivir atemorizados... una condena en una cárcel de oro y seguridad.

Así que cuando veas a alguien que se equivoca y lo reconoce, dale las gracias y comprendelo, porque es un acto revolucionario.