sábado, 15 de noviembre de 2014

Sull'Aria

Se dice la vida es como aprender a montar en bici, y hasta ahí esta bien el símil, necesitas aprender, caer y perfeccionar tu equilibrio. El problema esta cuando vives en una sociedad que no te permite montar en bici o te niega tener bici...

Veo que la mitad de las personas de este mundo 
no pueden montar en bici y la otra mitad, 
tiene miedo a caerse haciéndolo, vaya panorama...

Miedo a vivir, miedo al mundo, miedo al miedo, miedo a las personas... y un largo etcétera. Pero después de entender esta realidad he llegado a una conclusión inefable:

"Que son sino las personas más aquellos 
reflejos que entran en nuestras vidas, 
para mostrarnos nuestras vulnerabilidades".

Y desde este prisma no recordamos en sí, el sentido de lo que se hizo o dejo de hacer por nosotros, fuere positivo o negativo, sino que recordamos como nos hicieron de espejo para conocer nuestras flaquezas y así corregirlas.

Me gustan esas personas que las ves, las escuchas o las lees, días, meses o años después para ver lo mucho que han evolucionado, crecido o incluso cambiado, como se han aproximado a puntos de sus vidas que ni conocían, es por esas personas que merece la pena seguir escribiendo y conociendo la psique humana. En cambio también vemos personas cada vez más recluidas en sí mismas, huyendo del miedo, del dolor, retrocediendo a una adolescencia artificial justificada por el qué dirán...

Miro los huesos y los tendones del los cuerpos e imagino lo perfecto de esa ingeniería de andamiajes y tejidos, pero no solo somos eso... somos algo más y por ello tenemos una responsabilidad por y para el mundo. No es lo que se dice de nosotros, son nuestros actos los que hablan de nosotros, yo no creo en el destino, solo se que todo acto tiene una consecuencia y es entonces cuando debemos responsabilizarnos de la misma, ni más, ni menos.

Pero os seré sincero, intento no pensar demasiado en todo esto, para mi esta claro. Y si estos pensamientos llegan repetitivos a mi mente, intento recordar la belleza del mundo, intento NO entender lo que la Condesa de Almaviva le dicta en la carta a Susanna mientras escucho la Bodas de Figaro, intento dejar que la música me transporte, porque al final...

"...las cosas buenas no hace falta entenderlas..."