domingo, 26 de octubre de 2014

Perdón y venganza.

Lo más triste de la traición es que jamás proviene de un enemigo, por eso duele más.

El mundo esta lleno de hijos e hijas de puta, es un hecho, mejor dicho, todos y todas llevamos un hijo o una hija de puta dentro, la cuestión es si elegimos o no dejarlo salir.

Muchas personas lo dejan salir frente al daño sentido, es loable y lícito, es humano hacerlo porque es un acto instintivo... pero podemos ser mejores que todo eso, y entender que cuando algo nos duele de forma reiterada lo mejor es alejarse, por que cuando sostenemos el dolor, se convierte en sufrimiento y entonces estamos perdidos porque nuestro deseo de venganza sera inminente.
En cambio, si nos dejamos sentir el dolor evitamos el sufrimiento, sí, no es nada fácil, al sentirlo de forma consciente se quintuplica... y es necesario valor para soportarlo, un valor que no todas las personas tienen, pero si se consigue soportar, desaparece casi por completo y con él, el deseo de venganza dado que se siente paz al desprenderse del dolor.

Como decía, cuando nos dañan es mejor largarse y no darle más vueltas, suficiente castigo es "no poder perdonar" y seguir con un ego soberbio y enorme que nos lleva al sufrimiento, eso ya es suficiente venganza... no podemos tomar venganza de una traición sin cometer otra.

Yo creo que la forma más sana de venganza (si es que la hay) no es otra que la de demostrar a todos aquellos y aquellas que nos lastimaron, que nos traicionaron, que no creyeron en nosotros, que se rieron, que nos insultaron... que nosotros por otro lado podemos hacer las cosas de otros modo, utilizar el crecimiento personal para demostrarles que hay otra manera que requiere más fortaleza y temple, en vez de rendirse a los instintos que si más no es el camino fácil.

Perdonando nos mostramos mejores que nuestros enemigos, curiosamente todo se resume en el nivel de fortaleza psicológica de cada ser de este mundo.